sábado, 26 de junio de 2010
Despedida a Saramago
“Eu não sou pessimista, o mundo é que é péssimo...” (José Saramago)
Mudam-se os tempos, mudam-se as vontades,
Muda-se o ser, muda-se a confiança;
Todo mundo é composto de mudança,
Tomando sempre novas qualidades.
(Luis de Camões)
Tuve dos días maravillosos. Asistí a la entrega de Doctorados Honoris Causa en la universidad Lille 3. Fue realmente emocionante, desde la llegada de los honorables candidatos hasta la ceremonia final. Personalmente estuve atrapado con la presencia de Saramago, a quien pude disfrutar “en directo” durante los dos días. Lo que sucede –muchos de ustedes ya lo saben- es que Olinda fue quien lo propuso para la distinción y yo me mantuve cerca de ella para poder hablar unas palabras con el escritor. El jueves le di la mano en la inauguración del instituto Camões y mi amigo Luis –profesor de la universidad Nova de Lisboa- lo homenajeó con un discurso sobre su obra “Ensayo sobre ciegos”. Saramago estaba muy conforme y luego se explayó en francés sobre algunas ideas de las desarrolladas por Luis. Es un hombre muy delgado que ya pasó los ochenta años, come como un pajarito y no toma alcohol, nos dijo a todos en español: “yo no soy un escritor como los otros ya que no tomo whiskey...”. Saramago es un ejemplo de autoformación, es decir, no ha transitado por una educación académica: es un autodidacta como Borges (para profundizar puede leerse su discurso pronunciado en Estocolmo luego de la entrega del Nóbel –está en internet) y eso se traslucía en sus palabras, nos hablaba con la inmediatez y la dureza de quien no se escuda en formalismos académicos ni en giros lingüísticos brillantes. Cuando le cuestionaron lo pesimista de su mensaje dijo con firmeza: “no es que yo sea pesimista..., es que el mundo es pésimo... y eso me convierte en un pesimista radical, de otro modo sería un idiota, como si viviera con unas gafas de cristales rosa y viera nuestro mundo actual como una maravilla...” Pude, humildemente, identificar en lo poco que le escuché decir, cierta ingenuidad cristalina, cierta pureza de niño que reclama por las injusticias del mundo. El viernes nos visitó en la oficina de Olinda en el departamento de relaciones internacionales y allí pudimos todos (seríamos unos quince) disfrutar de algunos de los comentarios de un hombre ciertamente sabio que nos habló no como el galardonado novelista nobelista, ni como el honorable doctor honoris causa, sino como un padre que les habla a sus hijos, nos exigió que fuéramos personas dignas, que actuáramos como buenas personas en el mundo y nos pidió que no olvidáramos que, cito:
“el pesimista es el único capaz de cambiar el mundo...”
Me sentí tan próximo a ese hombre más bien sabio por viejo que por galardonado, que en un momento a solas no pude dejar de preguntarle por mi experiencia de lo pésimo en el mundo... su respuesta desnudó mi alma y la llevaré conmigo a la tumba. El viernes por la tarde fue la ceremonia final con discursos agradables en varios idiomas. La cereza del postre fue el galardón a Saramago que aceptó con la dureza y la humildad del campesino sufrido de Portugal. En su rostro pueden leerse los poemas del Fado portugués, la armonía épica de Camões, la agudeza de Queiroz y la megalomanía de Pessoa. Los otros distinguidos fueron los siguientes: Gregory Nagy (Harvard: literatura griega clásica), James Marrow (Princeton: historia del arte medieval y del renacimiento), John Staddon (Duke: psicología), Luis Antonio de Villena (escritor y poeta español), Wolfgang Mackiewincz (Freie Universität Berlin: filología inglesa). Todos están en internet si desean más información.
Desde luego me presentaron a la mayoría de los galardonados, Olinda me dio la cámara fotográfica para que registrara todo lo que sucedía y por eso estuve justificadamente entre todas las personalidades. Además estuve entre todos los bocadillos del buffet, el champagne y el vino de Bordeaux. Hablando de bocadillos les cuento algo bonito, cuando terminó la ceremonia en el instituto Camões, Don José corrió a un rincón del cuarto –lo tengo documentado en una foto- y telefoneó como un adolescente enamorado a su mujer (Pilar, española, treinta años más joven que él) y le daba explicaciones – en un casi argentino tierno – de por qué no la había llamado antes: con voz dulce de tortolito: “... pero es que todavía estoy en la universidad...” Y en ese segundo compuse en mi cabeza las siguientes líneas: Saramago porta el Jaramago/ como la planta la cruz/ en el amarillo de la espiga la flor/ y en la llano de Lille su luz.
Asistí también al cierre de la ceremonia con un concierto del compositor Mandolini, un músico argentino muy calificado y que además es muy buen tipo, al final, cuando fui a felicitarlo me dijo con lágrimas en los ojos (realmente) que estaba muy emocionado por el pibe de la gaita que había tocado como nunca. Saramago se había disculpado y Olinda lo llevó al hotel. Ocho décadas tienen sus exigencias y yo a mis cuarenta pienso que este hombre que me duplica la edad me ha obsequiado la posibilidad de otra vida, en todo caso el cliché no está tan equivocado (la vida empieza a los cuarenta). Y así, como una cucaracha iletrada comparada con los Magister magistrorum que recibieron los doctorados, y como un insecto literario despreciable que se atrevió a sentarse y dirigirle la palabra al mago Saramago, me despido de ustedes sumándoles una letra al recordatorio que ustedes horadarán en la piedra de mi lápida:
“AUNQUE GRANDE FUE SU FRACASO (ACADÉMICO), MÁS GRANDE FUE SU OSADÍA”
De Saramago me despido con unas líneas de Pessoa:
O POETA É UM FINGIDOR
FINGE TĂO COMPLETAMENTE
QUE CHEGA A FINGIR QUE É DOR
A DOR QUE DEVERAS SENTE.
Lunarroja
lunes, 13 de abril de 2009
mendoza, argentina, noviembre de 2009
Con Apuntes de Ficción abriremos un espacio editorial que permitirá la divulgación de obras situadas en la frontera del género ficcional. La realidad está sumergida en las aguas de la creación, la creación es lo único real.
La empalizada de álamos que veo desde mi ventana mientras escribo, la sonrisa sardónica del que leerá mañana lo que escribimos, una esquina en la que nos encontraremos sin haberlo imaginado un día de estos. La vida seguramente.
(Dionisio Salas Astorga)
Nexus Anexo:
De las infinitas realizaciones humanas solo nos ocuparemos de la producción literaria. Y especialmente de aquella comprometida con la construcción de nuevas realidades, alternativas temporales del curso de los sucesos, dinámicas ontológicas, recreación de episodios conocidos, creación de episodios desconocidos, proyecciones y retroproyecciones fundadoras de significado.
Gestación de consistencias novedosas.
Algunas verán la luz del mundo que nos ve nacer y me verá morir. Otras habitarán en sus realidades y conocerán también un destino. Que la felicidad y el infortunio no les son ajenos. La vida y la muerte tampoco.
Reposo para las viajeras del universo fantástico,
Sepulcro florido de las que nos abandonarán para siempre.